Estoy en mi era “hierbas”. ¿Será por la edad?

Quizá. O quizá sea simplemente una forma de volver a lo esencial, de cuestionar lo que uso cada día y elegir con más intención. No hubo un momento exacto en el que decidí cambiarlo todo. Fue más bien un proceso lento, casi silencioso. Empezó cuestionando lo más cotidiano: lo que uso, lo que como, lo que entra en casa sin que apenas lo note.

Con el tiempo, esos pequeños gestos se han convertido en una forma de vivir más consciente, más tranquila y, sobre todo, más coherente con mi bienestar. 

Vivir mejor no siempre es hacer más, sino elegir mejor.

La alimentación y la cocina: volver a lo sencillo 

Empezando por lo más importante y más sencillo de cambiar, la alimentación. Los ultraprocesados fueron desapareciendo casi sin darme cuenta, sustituidos por alimentos más simples, reconocibles y menos industrializados. Todavía queda alguna cosa que se nos resiste , por ejemplo, el "Colacao", pero me gusta ser un poco flexible y no seguir reglas estrictas que a la larga son insostenibles, trato de simplemente elegir mejor y con intención.

En paralelo con la alimentación, me metí de lleno en la cocina. Poco a poco fui eliminando todos los plásticos posibles, cambiando los tuppers por recipientes de cristal y diciendo adiós a sartenes y utensilios con PFOAs. Empecé a elegir materiales más seguros y duraderos, y a prestar atención incluso a cómo limpio la vajilla y las superficies. Porque cocinar también es un acto de cuidado.

La ropa: armario cápsula

Apostar por un armario cápsula ha sido una de la mejores decisiones que he tomado. Estoy alejada del fast fashion, que bajo mi punto de vista se basa en el consumo inconsciente. He priorizado la calidad y los tejidos naturales. Al final, el impacto en la durabilidad de la ropa es evidente. Tener menos donde elegir también me simplifica el día a día. Aunque no te voy a mentir, algún capricho de temporada se cuela en mi armario de vez en cuando, pero cada vez menos y muchas veces acaban en VINTED.

Productos de uso diario: menos, pero mejor

Después llegó el turno de los productos que uso cada día. Cambié el jabón de ducha y el desodorante por opciones más respetuosas, eliminé ambientadores y velas perfumadas y empecé a priorizar fórmulas más simples, con menos perfumes y menos ingredientes innecesarios. Descubrí que cuanto menos artificio, más bienestar. El verdadero lujo está en lo esencial. 

Mirando hacia 2026: seguir profundizando

Todos estos cambios han creado una base sólida. Una forma de vivir más consciente que no siento como una renuncia, sino como una ganancia.

En 2026 quiero seguir en este camino, incorporando nuevos hábitos que sumen salud y coherencia. Empezando por gestos pequeños que, aunque parezcan insignificantes, terminan marcando la diferencia.

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